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Artículo aparecido en dos entregas en el diario "La Nueva Provincia" (29 y 30 de junio de 1983) Conservacionismo: definición positivaPara muchas personas la conservación de la Naturaleza se define por conceptos negativos, que le restan posiblidades de acción efectiva y simpatía en ciertos círculos. Así, los conservacionistas pasan por ser "los que se oponen a..." infinidad de cosas, entre las que suelen incluirse algunas "esenciales" para el desarrollo. Suele creerse que presentan trabas para la industria y para todo aquello que signifique actividad humana en ambientes naturales. Ocurre que el conservacionismo ha pasado por distintas etapas, algunas más visibles que otras, hasta convertirse en una actividad solidaria con el desarrollo tecnológico y tendiente al mejoramiento integral del hombre. Esta concepción todavía no ha tenido suficiente difusión. La historia del conservacionismo puede dividirse en tres períodos. Primeramente apareció la preocupación de algunos grupos por proteger la Naturaleza, con más apasionamiento que bases técnicas. La acción de estos primeros "proteccionistas" fue en general de oposición abierta al desarrollo tecnológico. En lugar de intentar soluciones para los problemas y preverlos, se pretendió evitar de raíz el crecimiento. Hoy nos parece obvio que la calidad de vida del hombre depende en gran medida de los progresos de la técnica y que es la misma tecnología la que debe esforzarse por producir soluciones (filtros, reciclo de desechos, aislación sonora, aumento de eficiencia...). Muchas veces el impulso primario de personas sensibles se ubica en este nivel y cada tanto aparecen grupos que gastan energía en campañas alejadas de la realidad. "Si una fábrica echa humo: ¡que cierre la fábrica!". Por motivos sociales y económicos esto no es posible ni deseable. El esfuerzo que se requiere es el de ver la forma de que ese establecimiento aumente su producción mejorando su tecnología, de manera que con mayor eficiencia su actividad no provoque consecuencias negativas. Poco favor hacen al conservacionismo estos apasionados proteccionistas, pese a sus muy buenas intenciones. En una segunda etapa se fueron incorporando conocimientos científicos sobre problemas ambientales, que sufrieron una evolución drástica en este siglo. En principio se mantuvo el criterio divisionista de las ciencias exactas y morfológicas clásicas, aportando mucha información parcial, que resultó poco práctica y dificil de integrar. La acción de los proteccionistas no se modificó demasiado. Entre los tecnócratas y los defensores de la Naturaleza se crearon hostilidades y prevenciones cuyas consecuencias aún sufrimos. Ambos grupos coinciden en que el humo es consecuencia inevitable del desarrollo y, a partir de ahí, adoptan posiciones antagónicas. La experiencia indica que en los países con mayor desarrollo es donde la legislación sobre contaminación es más severa y donde las fábricas liberan menos desechos. El humo no es un símbolo de desarrollo, sino un síntoma del subdesarrollo. A partir de la Segunda Guerra Mundial se produjo una renovación muy grande en las ciencias, particularmente en la Ecología. Se incorporaron conceptos derivados de la Teoría General de Sistemas y, a través de los medios de la Informática, se llegó a una concepción holística: la suma de las partes no es igual al todo. Cada estructura natural es un conjunto organizado, un sistema complejo, cuya comprensión no se logra fraccionándolo, sino estudiándolo como una totalidad. El nuevo enfoque de la Ecología (que ya cuenta con unos 40 años de evolución), incluye al hombre y sus obras dentro de esos sistemas complejos. La actividad del hombre participa en la dinámica de los ecosistemas como un factor poderoso que debemos aprender a regular para que incida sobre los ambientes naturales en la forma menos agresiva posible. Ya no se trata de proteger una Naturaleza ajena al hombre, desde una posición superior, sino de mantener la habitabilidad de nuestro medio, como forma de sobrevivir y lograr al mismo tiempo el rendimiento sostenido de los recursos naturales. Aquel altruismo de los proteccionistas pasa a convertirse en una actividad práctica, en contacto con la realidad. La causa es la misma: conservar la naturaleza. La metodología cambia porque ahora se ve más que nunca la necesidad de una tecnología de avanzada como inversión para un futuro digno. A veces escuchamos a personas que, por sus actividades, creen estar muy alejadas de los principios conservacionistas y temen ser rechazados o atacados por ser, por ejemplo, cazadores, industriales, leñadores, etc. Tal vez sólo conocen la etapa romántica, de proteccionismo emocional. El conservacionismo no busca oponerse, por principio, a la tecnología y el progreso, sino al derroche y la irracionalidad. Requiere que se lo defina a través de conceptos positivos; es una forma de vida que tiende al desarrollo armónico del hombre; pretende que las generaciones venideras dispongan de las indispensables riquezas naturales, que deben ser utilizadas racionalmente; procura aportar soluciones a problemas ambientales y elevar la calidad de vida de las personas. A través de la investigación científica y la educación persigue un objetivo fundamental: lograr una ética del desarrollo. El cazador y la preservaciónAl terminar una de las sesiones de cine organizadas por Tellus en el salón que nos facilita la Alianza Francesa, escuchamos al pasar el comentario de un señor que se retiraba diciendo: ¿Qué estoy haciendo acá? ¡Si yo soy cazador! La anécdota viene al caso ahora que estamos tratando las ideas positivas del conservacionismo, como ejemplo aclaratorio de lo dicho hasta el momento. Un cazador puede ser un excelente conservacionista, y debe serlo si pretende poder seguir cazando por mucho tiempo. Veamos esto. En general, los adeptos a la caza saben disfrutar del contacto con el ambiente natural y son muy buenos observadores de las costumbres de los animales. Un cazador inteligente no mata a una hembra preñada y respeta las épocas de cría para poder disponer después de más ejemplares. Eso es conservacionismo: cuidar el recurso que nos interesa, para aprovecharlo sin que se agote. Por otra parte, la caza racional puede responder a una planificación para regular poblaciones animales que lo requieran. En algunos Parques Nacionales de África, la protección a los elefantes derivó en superpoblación. Comenzaron a destruir la vegetación hasta el punto de poner en peligro el futuro del parque y hubo que cazar al excedente. Se dejó sólo un número de ejemplares, determinado por científicos, con los que se aseguró el mantenimiento de una población acorde con las posiblidades de la reserva. Además, en poblaciones protegidas y cuidadas suele prolongarse la vida de los animales. Esto determina que los más viejos sigan reproduciéndose, pese a los procesos degenerativos de la edad, impidiendo que se reproduzcan los jóvenes, más vigorosos, pero menos expertos en conseguir parejas. Así la población puede debilitarse progresivamente y sería útil ir eliminando racionalmente a aquellos individuos que ya cumplieron su ciclo y que en condiciones normales serían consumidos por los depredadores. En nuestro país la actividad cinegética puede resultar de sumo interés, ya que tenemos un número considerable de especies introducidas que resultan perjudiciales. Mientras que el jabalí y los ciervos europeos (colorado, axis, dama) son cada vez más abundantes, e incluso se los cría con apoyo oficial, nuestros ciervos telúricos (taruca, huemul, pudu, de los pantanos, de las pampas, corzuelas) se van extinguiendo. Una solución sería reducir al mínimo posible las poblaciones de especies exóticas y fomentar el desarrollo de las autóctonas. En otras palabras, hacer una intensa caza racional del ciervo colorado y evitar por todos los medios que se maten venados de las pampas. Esto es proteccionismo: una fase del conservacionismo en la que se prohibe absolutamente explotar un recurso que está en peligro, hasta tanto no se recupere. No es una cuestión de xenofobia, sino que las especies europeas son más agresivas en la competencia, toleran mejor la presencia de actividad humana y desplazan a las americanas, que se refugian en zonas cada vez más alejadas e inhóspitas. Extinguir una especie es un pésimo negocio, ya que se pierde toda oportunidad de aprovecharla en el futuro. Enfocando así el problema, el cazador entiende que si se prohibe la caza dentro de un Parque Nacional o en determinada época del año, ésto no lesiona sus intereses, sino todo lo contrario. Se está protegiendo a las especies que en algún momento del año podrá cazar y aún más, cuando las investigaciones así lo indiquen, serán llamados a cazar en áreas reservadas donde se haya producido una explosión demográfica importante. Entrar furtivamente en una reserva para cazar es como echar querosén en el tanque de nafta del auto. Se resuelve una situación inmediata, pero se arruina tal vez para siempre la utilidad que se pretendía tener en el futuro. Es uno de los objetivos de los conservacionistas lograr una planificación adecuada de los recursos. Que las decisiones oficiales no afecten negativamente ni el desarrollo equilibrado de los ecosistemas ni los intereses particulares. De allí que la Ecología adquiere el carácter de ciencia multidisciplinaria y en la medida en que se escuche a todas las partes interesadas, desde distintos puntos de vista, en un mismo problema se evitará el fracaso de las resoluciones que se tomen. El cazador sabe que la supervivencia de sus presas depende de la conservación del ambiente en que viven. Debe ser, entonces, custodio interesado de la preservación de bosques y otras áreas naturales. Un fogón mal apagado atenta también contra sus propios intereses. Que se comparta o no su gusto por perseguir y matar animales es una cuestión aparte, enteramente personal y que poco tiene que ver con el conservacionismo. |